17 enero, 2017

Viendo derrumbarse mi cielo

MALDITA LA MENTIRA
Maldito el miedo
Maldito el orgullo
Maldita la curiosidad
Maldita la cobardía
Maldita la desconfianza
Maldita la inseguridad
Maldito yo entre todos los hombres
por haberte perdido.
Hoy, fecha desgraciada capicúa
el último día de nuestra vida JUNTOS. 
¿Y ahora?
Sólo queda el silencio de muerte.
Y la soledad.
Ojalá...
...PERDON, mi amor...


Buenos Aires, maldito 17 de enero de 2017

13 septiembre, 2016

Ropa ajustada pero a la moda

Cuando se descongelan los sueños
y se pone el HORNO a andar
cuando se amasa la vida,
se necesita tener a mano

AGUA templada:

no sirve muy caliente...
quema, asfixia y sofoca...
tampoco helada... sino agradable al tacto.

Las 3 damas de blanco:

HARINA... finamente molida 

con humildad y la paciencia
de todos los ceros a cuestas,
con pureza, no pálida, sino blanca.

SAL... eso que le da personalidad,
lo cotidiano, pero que si falta, falta todo.

AZUCAR... pizca, pequeña pero suficiente.

MANTECA O GRASA... aquello terrenal

aquello que no nos enorgullece,

pero que convive con lo virtuoso.

Y una de las esenciales...

LEVADURA. Si es fresca, mejor...
...vida sensible al calor y al oxígeno,
capacidad de multiplicar lo bueno,
de creer que se puede,
de hacer crecer.
Y para ir promediando...

MANOS... cálidas, dispuestas.
Sensibles a la humedad...
Empáticas a las texturas...
Ágiles, inquietas, ociosas.
Flexibles a los cambios de humor,
Atentas a los cambios de forma.

TIEMPO y PACIENCIA...
Soldados aliados, incansables...
Y luego de las temperaturas extremas
de la increíble alquimia de los elementos
nace este amor...

Concebido antes de entreverarse rostros
precalentado los corazones
predispuesta la sangre, líquido vital
para que se mezclen
esencias, sabores
nutridos de colores y aromas,
fermentando así un amor,
el NUESTRO,
cuidadosamente amasado,
esperado pacientemente que crezca,
que madure y se fortalezca,
ganando elasticidad y forma.
Y luego de casi 12 meses...
nos sentemos a nuestra mesa
y brindemos, riendonos, cómplices
sabedores de que esta aventura
recién comienza.
Feliz casi 12 lunas,
Lux de mis ojos.
Mi amor.

Buenos Aires, a 2 semanas de decirte: Feliz aniversario, amor mio...

07 junio, 2016

Casi 9 lunas de lux


Durante casi 9 lunas de latidos perseverantes
el corazón de Israel viene desbordando alegría
y todo su cuerpo se estremece, vibra, se ensancha
al compás de sueños que día a día, lo expanden
cual torre prolija de ladrillos, se yergue
y afianza sus cimientos, en elementos básicos:
amor, fidelidad, confianza, compañía...


Pero esta empresa no está exenta de barros y leña seca...
de hecho, es parte de esa esencia que 
al explotar, mantiene viva la llama
y crepita, rebelde ante la paz 
de la complementación armónica de las almas.

Por momentos, de hecho
el fuego chamusca las pestañas
y pone al rojo vivo la carne...
Pero al mismo tiempo, purifica las máscaras,
derriba los fantasmas decenarios
y desnuda prejuicios,
revistiendo de poder a los seres.

Vocación de vivir
mas nunca más de sobrevivir.
De trascender, de destacarse, de sobresalir
aunque no a expensas de otro, 
sino del propio sudor...
lágrimas, cada vez más esporádicas...
moretones... a veces duelen, 
especialmente los días de tormenta.
Pero los miembros también se endurecen,
se tonifican las voluntades,
se hipertrofia la confianza,
se desnutren los miedos.

Ah...yacer, extasiado, mirando tu cielo,
recostado junto al calor 
de la fusión de los cuerpos, 
único testigo de esta eternidad... 
no existen palabras humanas...

Mi tesoro, mi amor, la Lux de mis ojos...
te extraño tanto...
y aunque me queje de lleno...
te he tenido a diario todo este tiempo...
y porque sé que estás cerca, de pie, fiel
miro al cielo del cuarto y busco tu estrella...
y siempre encuentro tu sonrisa... mi lucero.

08 octubre, 2015

Aprendiendo a volar

Llueve... desde metro y pico
escurre en alud el polvo acumulado
en lustros, concentrado,
tras desengaños y desusos
y se descubre, fresca, tras la quebrada
la entrada amplia
hacia las profundidades de la cavidad
poblada de rocas blancas,
prolijamente gastadas,
sincera, afectuosa, sonrisa REAL.

Dando saltos avanzaste entre nubes
soñando que se amigaban con tus sueños.
Bailaste, cantaste, silbaste feliz
entretejiendo las manos con las suyas.
Recorriste sus bordes sin prejuicios
derrochaste miradas sentidas
sentiste.
Amor?
Bienvenido!
Antesala de una estación de dicha
preámbulo de una primavera feliz
Vertiginosa caída del óxido
que alegre se entrega
y fertiliza los pies satisfechos
orgullosos de haber alcanzado a sus pares
dispuestos a descansar.
Por fin.

Amanece, se desarma y sangra el cielo
mientras triunfante se eleva el astro
Florece en el pecho una rosa
y se ensancha el amor
abarcándolo todo, inundando
NOS.

Ya no quedan dudas en pie, testigos
infinitas madrugadas desveladas
le llegó la primavera al corazón.
Prendado quedó del sol
y a pesar del viento y el precipicio
se animó el hombre a saltar
Y entonces se hizo el milagro:
aprendió a volar hacia la luz
Y a no temer NUNCA más.

Mendoza, una noche de invierno en primavera, abrazando al amor, por fin...

20 junio, 2015

Desengaños y añoranzas

Transcurre en vela la noche
y al pensarte, duele...
crece el abismo... hiela 
el vacío, moreno centinela. 
Escuece la ausencia
de un rostro desfigurado, oxidado.
Soberbio prejuicio
de un alma susceptible 
que, ingenua, despliega sus espinas
y protegiendo su orgullo,
se desangra,
tibia y paciente,
congelándose, 
solitaria espera
atenta para oír tus pasos.
Ironía de un amor prematuramente herido,
Silencio que doblega, 
me condena 
a permanecer de pie, 
a ciegas,
solo,
en des-vela.

Desbocada ansiedad de saberte tan lejos
que se desvive por saborear tus vértices
habitar tus valles...
aprender tus pausas...
amanecer con tus cadencias.

Ah...desandar deshoras a tientas, 
descuidados intentos,
atolondrado, obsesionado por besos 
nunca concretados, deseos 
traidores que encerraron tu recuerdo, vivo
y lo embalsamaron, untándolo con olvido
asfixiándolo con la certeza de un malentendido...

Peregrinar de horas, presas
segundos encadenados, 
que impacientes, 
devorándose sus propias falanges,
se lamentan por su suerte
infortunados ángeles idiotas 
que conspiraron para dejarte ir.

Retoños de sueños,
cuidadosamente cultivados
pero quebrados, hemipléjicos
por la certeza de haberte alejado, 
con rotundo éxito,
por la maldita y vil franqueza
de un corazón imberbe, 
suicida lengua, 
vocación idiota de no callar.

Lampiña sutileza al acariciar tus contornos,
explorando ambas dimensiones,
que, anhelando la profundidad de la tercera,
llora al toparse con el muro mudo
de tu silencio,
eterno.

Hoy llegó el invierno.
Me lo dicen mis huesos
que resignaron ése, tu último aliento 
te saludan, 
te despiden
respetan tu distancia,
pero de reojo te esperan,
fieles, pacientes, latiendo.


Buenos Aires, tarde eterna, gélido prólogo de invierno 

16 febrero, 2015

Siempre atareado con el barro,
obsesionado con las formas,
con el alma ojerosa y las manos doloridas,
Israel se detuvo a descansar unos instantes.
Miró a su alrededor y se vio arrugado,
el cabello revuelto,
los sueños también,
los ojos cansados de mirar demasiado cerca.
Presidía una corte de expectantes vasijas mudas
de tamaños, bordes y colores muy variados,
recipientes moldeados con paciencias y la propia saliva
decorados toscamente para llamar la atención
pero curiosamente vacías y huecas.
En el fragor de la vida
Israel olvidó el verdadero sentido de lo que hacía:
de ser y de hacer:
¿artesano o artista?
O acaso su sino era simplemente SER.
Y así contagiar a los hipócritas a quitarse el disfraz
y a pedirse perdón a sí mismos por tanto humo.

25 agosto, 2014

...

Viniendo del entierro de un recuerdo, Israel se tropezó con un anciano,
Vestido de sombras, coronando niveos trofeos, que cual testigos mudos del indeclinable tránsito de Cronos a través de su chata existencia, extendían palmas de niño y voz de jilguero tierno, clamando piedad desde la postrada inexistencia;
su pera despoblada en sintonía con un par de manos inquietas, contraste de párpados vencidos, cubierto de andrajos y suciedad, la suya propia. De ceño poblado de angustias que sucumbieron ante la cómoda omisión. Su paso cansino, resignado a arrastrar su vientre flacido por tantos dulces placeres satisfechos impulsivamente fuera de la justa medida de la Conciencia.
El cinturón dejando la marca de toda una vida de ideales inflados hasta explotar. Espacio poblado de ideas, Volutas de humo tóxico, recuerdos incinerados en el paciente devenir de una neurótica creatividad.
Y el corazón traicionado por el espejismo de un amor vacío,
desabridas caricias, estancos cielos, desmembradas flores;
Avinagrados labios cansados de sangrar el óxido de una fantasía edificada sobre arcilla y amurallada con miedos de vastas longitudes.
Vacío pleno, liso, perenne, incuestionable realeza que se arrugó por dentro deviniendo en llanos extremos y mancos miembros.
Amigos que esclavos en fotos claudicaron ante la férrea y persistente tozudez del encierro auto impuesto, se suicidaron resignados en el abismo del olvido.
Fétido aliento de quien sólo respira bajo la orden de Celos
y a pesar de vivir en la superficie,
Se ahoga en la hondura de sus perros miedos.
Y en la cima de su orgullo,
Israel, altanero, tomando distancia del engendro, egoísta decidió derribarlo con la Palabra, para dejar caer su máscara,
Para que se entreviera la hipócrita inmortalidad de sus huesos descoloridos por el artero desaliento. Escanció el Agrio cáliz fruto de un sueño tranquilamente concebido a orillas de un invierno, bajo la mortecina luz de un espectro que decidió recostarse en su propia tumba hasta que se secasen sus ojos, y cuando comenzaban a entumecersele las agallas, se agolpó la crudeza en sus pómulos.
Inercia que al golpearlo, se congeló aún en pleno enero, y lo derribó, toda su humanidad toda.
Otoño en un bosque de motivaciones regadas esmerada y pacientemente por la engañosa paz hueca de un ser sin rostro, de vientre expuesto y vísceras macizas, aunque de núcleo huero.
Israel, gorrión soñador y jinete bueno, se encontró agazapado frente a un espejo. Arrugado. Doblado su cuerpo. Jirones de un presente que en el pasado solía SER.
Buenos Aires, una noche de invierno de un año agitado