13 febrero, 2006

Testigo mudo, no ciego

Altiva ella se eleva
pálidos rasgos
otoño, invierno intenso...
dolor.
¡Ya llega, puja!
último esfuerzo...
recompensa.

Mundo desconocido
todo es nuevo
él la mira maravillado
quiere tocarla, se estira
ella paciente, sonrie
es un retoño todavía.

Sigue espiando, curiosa
¡abarcarlo todo quisiera...!
y de pronto ¡lo ve!: ha cambiado.
La nombra dormido
se bate a duelo con sombras,
se agita con sus miedos.
Duerme, sí, pero a ella teme.

Batalla eterna una vez más lo vence
y en la victoria comprende
que él no se lo agradece
porque sueña, extasiado
sueños rosados, desnudos, rizados.

Nubes negras se acercan
el Negro aprovecha,
seduce sus instintos
la velocidad lo excita,
las curvas también;
nada es suficiente,
nada tiene bordes...
todo le queda pequeño:
desde los zapatos
hasta las metas
se viste de humo
y de ruidos fuertes
moja sus penas
en fluidos ardientes
mientras una carcajada desafiante eleva.
Ella, paciente, espera.

Cansado, él recuesta sus huesos
sus miembros le duelen
la frente está más poblada
sus ojos, agotados, están ahora más llenos
pero otra vez ha cambiado:
ya no es el Negro su amo
su cama es más ancha,
su corazón también.
Y ella, arriba, satisfecha.

Y otra vez llega la primavera
otra vez sudor, dolores, impaciencia,
sábanas entre dedos tensos, dientes enfrentados,
fuerzas internas que se desbordan
¡empuja con fuerza!
Pasos nerviosos, plegarias apuradas, oído atento
él la mira por la ventana, le ruega...

Afuera, el rocío rosa sobre los almendros,
adentro, lágrimas cálidas de la vida que se renueva.

"Nacer, crecer, vivir, sufrir, amar
para volver a nacer...
me estoy poniendo vieja..."
pensó ella
mientras caía en un charco
uno de sus cabellos,
blanco, brillante.


(A ella la conocen por astro de la noche, él... sólo es Juan)

1 comentario:

encina dijo...

Se me han corrido las lágrimas. Tu poema es muy lindo; no dejes de escribir!!
Un brazo, con mucho cariño, para un Jinete que sabe volar alto!